Esta segregación auto infringida, lleva a que la castración de las exacerbaciones se convierta en un mal necesario, pues confinar hordas de salvajes en lugares reducidos sería casi como vivir en…Colombia…mmm. Pero para el caso presente, dejemos un ámbito mayor y busquemos generalizar. Al confinarnos a las ciudades, como muestra de la infinita distancia que nos separa de las bestias, nos obligamos a direccionar el comportamiento hacia ciertos vericuetos aceptados como evolucionados. A lo largo del tiempo, estos caminos nos llevaron a dictar leyes y a declamar manifiestos morales que en la actualidad rigen nuestra cotidianidad y son los muros de contención que evitan esa avalancha de expresiones que harían de nosotros, seres incivilizados…bestias cimarronas…o libres, según otros ojos.
Tan poco exitosa puede ser esta lucha en contra de la exaltada y arrogante naturaleza, que nos ha obligado incluso a sacrificar individuos, o confinarlos en recintos especiales o declararlos anti sociales. Estos son los que al cerrar la tapa, no caben dentro del tarro de galletas, los que no cuadran, los que no se doman…o los que decidieron, consiente o genéticamente, si es que pueden separarse, no ser civilizados.
Al ser una especie gregaria, y al decir especie me refiero al hombre, sí, rebajándolo al nivel de las bestias, esta requiere de líderes, de quién los haga sentir parte del rebaño como uno más, sembrándole la esperanza de que algún día puede ser el más, el alfa, el líder de líderes. De ahí han salido virtuosas y productivas sociedades, unas son religiones, otras son partidos políticos, otras agrupaciones raciales, en fin, es una manera fácil de auto regularse como manada para soportar las reglas de la civilidad.
Pero, al igual que los gases, estos grupos soportan presiones infinitas al ser confinados. Es la expansión de los genes, cochina jugada de la naturaleza, que luchan por expresarse, por ser, por dejar a flor de piel la esencia, o naturaleza que tanto nos fastidia, que tanto creemos dominar y controlar como seres privilegiados dueños de la civilidad. Y, continuando con el símil gaseoso, es cuando surgen las válvulas de escape. Expresiones socialmente aceptadas, camufladas bajo un discurso elegante y generalmente lideradas por las altas esferas sociales, quienes se reconocen como los regentes y promotores de la civilidad.
Es excelente ver los argumentos extensos que se tienen sobre como la humanidad, desde que segregó su naturaleza de la del resto, justifica las válvulas de escape, que no son otra cosa que la evidencia de la brutalidad, la naturaleza en su máxima expresión, la violencia bendita que purifica, la sangre derramada que calma…la misma que veneran los cristianos.
El ya magullado ejemplo de los circos romanos, las peleas de toros, las peleas de gallos, las corridas de toros, las cacerías deportivas, las ejecuciones públicas y muchas otras expresiones de brutalidad, como las define la sociedad, no son otra cosa que válvulas de escape de esa naturaleza humana…de la realidad de especie…de los genes hablando.
Todas las expresiones antes mencionadas fueron en su época privilegios de los más adinerados, educados y encumbrados dentro de esta lucha escalada de la civilidad. Y todas ahora son el objetivo de la lucha de otra segregación igual, otro grupo especial, otra corriente, pero que dicen tener la certeza de la racionalidad y del ser evolucionado: el ambientalismo.
Resulta pues, que no comerse los animales, no matarlos, no poseerlos, no usarlos, relegarlos al rincón de seres intocables…es el nivel superior. Ya tan alejados estamos entonces de la naturaleza o del ambiente, para usar la palabreja que sustantivan estos gremios para diferenciarse, que es el nivel máximo de nuestra expresión como seres superiores, evolucionados, naturales, el no reconocernos dependientes de las especies, en especial de los animales, porque dentro de este nuevo culto, los vegetales merecen la muerte, a tal punto, que hay que comérselos a todos.
En España, específicamente en Cataluña, acaban de prohibir las corridas de toros, y de nuevo surge esta discusión infinita sobre si el hecho de que sea cultural es permitido para que esta expresión de brutos quepa dentro de las reglas sociales, o que priman son los derechos de los animales, es decir, humanizar las bestias para que sean dignas de nuestros derechos superiores, o que por el contrario, las bestias están para nuestro uso y es igual matar para comer que matar para…matar.
El planeta está destruido ambientalmente, porque la esencia real, que es aceptar la expresión básica de los genes, la cual nos remite al instinto de supervivencia, se ha desvanecido en el contoneo ambicioso y judío-cristiano (Gracia a Andrés Jiménez por este aporte) de sentirnos superiores a la naturaleza, separados de ella, alejados de sus normas y reglas. Y vamos a terminar correteando tomates en la calle y con toros y conejos gordos y mimosos, todos muriendo de sed, de asfixia y de superpoblación.
Behold, que ya llegan las nubes de repollos y las hordas de zanahorias…tomarán su espacio en la historia, serán batallas a muerte que permitirán…la venganza del tomate.
Ahi les dejo un artículo reciente de Fernando Savater y otro del muy buen columnista Manizaleño, Alejandro Samper, de mi tierra taurina, para alimentar este debate carnudo: http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/Vuelve/Santo/Oficio/elpepirdv/20100729elpepirdv_2/Tes
http://www.lapatria.com/story/el-ritual-de-la-muerte
Ahi les dejo un artículo reciente de Fernando Savater y otro del muy buen columnista Manizaleño, Alejandro Samper, de mi tierra taurina, para alimentar este debate carnudo: http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/Vuelve/Santo/Oficio/elpepirdv/20100729elpepirdv_2/Tes
http://www.lapatria.com/story/el-ritual-de-la-muerte
Interesante el planteamiento del confinamiento... No lo había pensado, pero es la mejor explicación a por qué no somos conscientes de qué es lo que nos enceguece frente al verdadero problema. Cambiemos el escenario: Pensemos que, en vez de gregarios, cada ser ocupara un área sobre la tierra, del tamaño que requiere para su vida (ojo, no solo supervivencia). Asumiendo que todas las tierras fueran igualmente productivas, veríamos de inmediato, sin mayores estudios, si aún podemos procrear una persona, o si por el contrario hay una fila de gente esperando que alguien muera, para tomar su lugar. Del mismo modo, veríamos que entre más área necesita cada persona (fruto del crecimiento económico, avance tecnológico y nuevas necesidades auto-impuestas), más difícil es lograr asignarlas, ya que el planeta está ya totalmente distribuído entre la gente y no queda nada para darle de más a nadie. Interesante el planteamiento, Alejo...
ResponderEliminarAlejo, lo de los toros en Cataluña tiene más contenido político que ambiental, yo lo veo más como una forma de reafirmar que Cataluña no es España.
ResponderEliminarDe resto, no entendí un carajo. No es nada nuevo, llevo años sin entender la mayoría de los textos que se publican hoy.
De acuerdo Andrés, la decisión del Parlamento es para alejarse de Madrid y de el españolismo completamente, pero abre la discusión de nuevo sobre la habilidad que tiene la sociedad moderna y "civilizada" para negar el placer de la violencia en todas sus formas explícitas... pero no en TODAS sus formas...las que abarcan la totalidad de la crueldad, como la desigualdad, la destrucción de los recursos básicos para la supervivencia en el planeta etc...espero que posteriores textos sean de mejor entendimiento...esa es la idea
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