Desde hace años se viene argumentando el tema de si las plantas " sienten", humanizando obviamente esta condición como una forma de expresión de la "inteligencia", de conciencia, de pensamiento.
En diversas publicaciones e investigaciones se han planteado teorías al respecto (The secret life o plants http://www.youtube.com/watch?v=mGRluepFwdg&feature=player_embedded, http://noticiadeldia.blogspot.com/2006/05/descubren-que-las-plantas-sienten.html, entre cientos) , sobre la capacidad de las plantas para entender su entorno, responder a estímulos e incluso de generar conocimiento acumulado sobre estas reacciones, situación conocida como aprendizaje.
Pruebas con impulsos eléctricos, donde plantas son sometidas a maltratos o a estímulos gratificantes intentan medir esta habilidad que pareciera ajena a el conocimiento que nos han heredado sobre la naturaleza. Tenemos la certeza de que algo está vivo o al menos es autónomo en sus funciones, decide sobre su entorno cuando se mueve...o cuando nosotros somos conscientes de su movimiento...ambas cosas diferentes.
Este tema lo traigo a esta ventana debido a un video que de nuevo publica Andrés Jimenez en el FB, el cual tiene, a pesar del sesgo apasionado de su orador, un enfoque muy agradable sobre esta discusión. Al parecer, dicho tópico solo debería interesarle a botánicos, neurobiólogos, vegetarianos o mariguaneros...pero lo relevante de esta discusión es la forma que tenemos de percibirnos como raza, como especie y como individuos en nuestro entorno.
En mi experiencia personal, las matas, siempre han estado rodeando momentos importantes. Esto no quiere decir que mi diploma de colegio me lo entregó una begonia, o que me sentaba a charlar con clavellinas en las tardes de soledad, o que mi primera vez fue gracias al magnolio de la vecina, quien me hizo el cuarto; pero si, y gracias a mi familia y a Tom, mi maestro de kinder, las plantas me han impreso momentos y vivencias determinantes. Esto no sustenta su condición de seres conscientes, pues un paisaje, una piedra, una canción, podrían generar tal recordación o enmarcar momentos magníficos.
Pero en mi caso no es solo decoración, yo he sentido la compañía de estos seres dadivosos en momentos especiales (y esto ya podría entrar en el tema de abrazar árboles o de mamertismo natural...pero no, es en serio). Mi Madre, una de las personas que mejor se comunican y entienden a la plantas, casi de manera chamánica, me acercó a ellas desde épocas tempranas... los primeros momentos fueron asistir partos, pero partos extraños y hasta maquiavélicos. Sembrábamos partes mutiladas de plantas, de aquellas que tenían el infortunio de cruzarse en el camino que recorría mi madre desde la casa hasta la iglesia, o circundando el barrio. Y hoy lo confieso, yo era el asesino: " upa pues, róbese ese piecito... yo le aviso".
Es indescriptible, la afinidad que se crea con una planta cuando uno la ha sembrado y cuidado con esmero...es una relación que casi sería ideal si tuviese un buen par de tetas o al menos, un apartamentico chusco y un buen sueldo. La generosidad para la que fueron creadas la plantas en la naturaleza no puede ser otra cosa que la prueba misma de la habilidad de aprender y de mejorar su entorno...de modificarlo.....las matas generan el oxígeno para los demás seres vivos " móviles"... dan refugio, bien sea en si mismas, en sus ramas, ya sea para micos, aves o hamacas, o con sus cuerpos enteros como madera y subproductos. Dan alimento...de todo tipo, dan sanación, con su sangre milagrosa, permiten a mujeres y hombres orinar bajo su cobijo en campo abierto, en paseos de olla y comitivas, regalan aromas, sombras, colores ... pero lo más importante...perdonan. Nunca he visto un árbol darle un juetazo al perro que lo mea sistemáticamente durante años.
Yo no sé si se requiera la comprobación científica para la conciencia de las plantas....sólo sé que los girasoles siempre siguen el sol, que las palmas de cera dejan que las almas suban al cielo dejando su rastro blanco en sus cuerpos, que las frutas son lo más cercano a la mujer amada y que estar bajo el cobijo de un gran roble, es lo más parecido a encontrar el abrazo de dios, o de un abuelo....y esto no lo hace nunca una piedra, un paisaje o un parcero...
Esto se los cuento solo para finalmente pasarles el bendito link que les había dicho al principio, sobre la interesante y apasionada charla que Mancuso regala(no el que uds creen, a ese si le hubiese faltado unos buenos juetazos de ortiga) ...porque si sigo ...con este tema nunca se terminaría...va el Link: http://www.ted.com/talks/stefano_mancuso_the_roots_of_plant_intelligence.html. La charlita está en ingles pero si desean, en la parte inferior del recuadro del video está la opción de los subtítulos en varios idiomas, incluido el español.
Igual, si les suena el cuento, les recomiendo que lean de Richard E. Schultes y Albert Hofmann, las plantas de los dioses, o The secret life of plants de Peter Tompkins y Christopher Bird....o si de verdad quieren quedar con la boca abierta...vean la serie de documentales de BBC : secret life of plants, presentada por uno de los grandes, David Attenborough.